La página en blanco

Hace tres horas estaba más que convencida de que un blog era justo y necesario. Muchas veces tomo “notas mentales” de lo que sucede alrededor y me prometo escribirlas en cuanto pueda: nunca lo hago. Luego de esas tres horas ya no estoy tan convencida de lo justo ni lo necesario, pero seguiré adelante de cualquier modo. La falacia me envuelve mientras tecleo esto –en una netbook, sentada en mi cama–, recuerdo cuántas veces he leído, en otros blogs: “será algo mucho más modesto que una bitácora, me permitirá disciplinarme, al fin tengo un espacio para expresarme”, y así.

Bien, sé que mantener una publicación, por esporádica que sea, puede llegar a causar estrés a quien la escribe, sé que quiero un espacio y no lo he buscado antes. Sé (como si pudiera saber algo realmente) que me entusiasma el proyecto y que tengo cosas que decir a veces, otras, será simplemente un ejercicio, como lo dice el título. (Por cierto, si alguien se pregunta por la imagen: es un sillón para que se sienten a leer: bienvenidos.)

Tomé hoy la decisión de iniciar este proyecto por una razón tan sencilla como azarosa: si un escritor como Don Antonio Muñoz Molina tiene hasta Twitter, yo muy bien puedo dejarme de tonterías y abrir un modesto blog. Me había negado hasta ahora por razones igual de fútiles y narcisistas que las que me llevan a empezar a escribir aquí: no tengo nada importante qué decir, no creo que la humanidad vaya a dar un vuelco cuando me lea ni estoy especialmente dotada para decir nada que no se haya dicho antes; sin embargo, quiero escribir y esa es una razón tan buena como cualquier otra para hacerlo. Eso sí, todo esto es palabrerío más o palabrerío menos, en el centro de todo yace una verdad como una casa: me aterra escribir. La página en blanco es un monstruo de miles de cabezas o sin ninguna, lo que sea peor, que me sobrepasa y me devora.

Hoy leía, en una ojeada veloz al prólogo de Música para camaleones, que Truman Capote hizo dos descubrimientos importantes, primero descubrió la diferencia entre escribir mal y escribir bien; luego descubrió la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte de la escritura (Truman Capote, nada menos). El segundo es mucho más terrible, en toda su extensión. A mí me da miedo, pánico casi, no escribir bien, pero me da más miedo la mediocridad de escribir bien a secas. Puro ego, enorme como zeppelin sobre mi cabeza, apunto, como lavándome las manos por soltar semejantes desvergüenzas.

De modo que inicio: mientras escriba en este espacio, podré combatir mi miedo, afilar una que otra herramienta y, a veces, confrontar mi ego con la realidad. Veremos qué resulta. Una última cosa, esta sí importante, a cualquiera que me lea: gracias.

Academia: Here I go!

Me siento como Calvin

8 comentarios

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8 Respuestas a “La página en blanco

  1. Así tenía que ser, Libiabrenda. Que no te apantalle la pantalla en blanco, su naturaleza es dócil y dúctil😉
    Mando beso tronado inaugural.
    Cariños,
    Luza

  2. Ricardo Pohlenz

    La hoja en blanco como hidra… para eso la pluma que sirve de arpón. ¡Ahab, Ahab, contra la ballena! (Yo sé que no va así, pero igual es blanca). Un beso enorme y muchas felicidades amor.

  3. Amigueitor querida:

    Siéntome en ese sillón azul de los buenos momentos, y leo con inmenso gusto.
    Y claro que tiene algo importante que decir😀
    Larga vida a ustett y a su blogcito.

    • Gracias, Amiguietor, gracias. Híjole, no crea, lo del pánico es pura veldá (lo del ego también).
      Pero de alguna manera hay que salir al mundo y atizarle con las letras. Usted sabe bien que a veces no es que se decida, es que no queda otro remedio.
      Abrázola y espero verla MAÑANA MISMO😛

  4. Pues yo estoy haciendo una “ola” de puro gusto! Era inaudito que TÚ no tuvieras blog… si HASTA YO tengo uno y TU ¡eres mi Teacher! Osea… ¡bienvenida a la blogósfera! Es un verdadero placer leerte, y ahora contribuiré a la presión para que escribas más y más y más a menudo.

    Un abrazo mi querida Libia… ¡se te extraña en la vida por estos rumbos!

    • ¡Amiga!
      Eres la primera en dejar un comentario. Gracias por las porras y, desde luego, se agradecerá la persecusión😀
      Yo siempre los recuerdo, pero ustedes, que se fueron: si no vienen pues sí, he de darme una vuelta por allá.
      Un beso grande por triplicado.

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